- El siglo XX marca la época de la imagen y con ella viene la búsqueda y exigencia de los grandes cambios El grabado deja de ser complacencia del espíritu y se convierte en un mensaje emocional provocador e inquietante hasta nuestros días.
Por lo general suele usarse la palabra grabado para designar toda estampación artística, pero el término resulta incorrecto pues el grabado es justamente el resultado de la estampación de una plancha en la que se han efectuado incisiones ya sea en madera (xilografía) o en metal (grabado en hueco). Mas si la estampación se efectúa de dibujos realizados sobre piedra (litografía), seda o nylon (serigrafía), podemos observar que en éstas no se ha hecho ningún tipo de incisión; entonces, al resultado de la estampación no deberíamos llamarle grabado sino estampa.
El grabado se remonta a los primeros trabajos prehistóricos (incisiones en piedra, cerámica, hueso, etcétera), pues la necesidad de grabar surge con el hombre; pero el reproducir el trazo grabado en otra materia -multiplicando el resultado obtenido por la incisión- supone siglos de civilización por lo que la historia del grabado debiera comenzar cuando la incisión grabada se estampa una y otra vez dando lugar a un “original múltiple”. (En un principio no se pretendía la reproducción de los grabados, ya que estos sólo eran utilizados como bajos o altos relieves decorativos).
En Asia aparecen los primeros sellos grabados en cilindros de piedra con una antigüedad de cinco mil años y algunas estampaciones egipcias datan del siglo VIII a.C. Los juegos de cartas de baraja se pusieron de moda en Italia hacia el siglo XIII. En el siglo XV el grabado se utilizó para la propagación de estampas piadosas cristianas apareciendo los primeros libros de imágenes que ayudarían al trabajo lento y complicado de los amanuenses. Las ediciones comenzaron a ser un trabajo mixto ya que se mezclaban las imágenes hechas en xilografía, estampadas previamente sobre el papel, con los textos manuscritos coloreados y terminados con pincel por los copistas. Al poco tiempo aparecieron los libros xilográficos donde texto e ilustración se grababan en placas de madera (tabularías).
A estas primeras ediciones se les denominó incunables (cuna), denominación que reciben todos los libros impresos antes de 1500. Los incunables xilográficos estaban destinados a un público popular y sus orígenes se encuentran en Alemania y los Países Bajos con títulos como: Ars moriendi, Apocalipsis y Biblia pauperum.